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Ansiedad de desempeño sexual: por qué el control bloquea la respuesta sexual

El error biológico de intentar controlar con la mente un proceso que pertenece al cuerpo.

Imagen de reloj: estrés y disfunción eréctil — terapia sexual Lic. Viviana Baccarat

Hay un error silencioso que atraviesa gran parte de las consultas por dificultades sexuales: intentar controlar con la mente un proceso que pertenece al cuerpo. Cuanto más se quiere «hacer bien», menos responde el cuerpo. Cuanto más se vigila la erección, la lubricación o el orgasmo, más se bloquean.

La respuesta sexual es una función del sistema nervioso autónomo —la parte que no controlamos voluntariamente. Igual que la digestión o el latido cardíaco, depende de un estado fisiológico, no de una decisión consciente. Cuando intentamos dirigirla desde la voluntad, activamos justamente el circuito contrario al que permitiría que suceda: el de la alerta.

A esto se le llama ansiedad de desempeño y tiene una lógica circular: la preocupación por no responder activa el sistema de estrés, que a su vez inhibe la respuesta, que confirma la preocupación, que intensifica la activación. Cada encuentro se vive como un examen. Y el cuerpo no funciona bien bajo evaluación.

El abordaje terapéutico rompe ese ciclo por donde se puede intervenir: la exigencia. Se trabaja en soltar el objetivo, recuperar el registro de la sensación por la sensación misma, y reentrenar al sistema para que confíe en que el cuerpo sabe hacer lo que tiene que hacer cuando se le permite. El placer aparece cuando deja de ser una tarea.

Lo paradójico es que el primer paso hacia recuperar la respuesta es dejar de buscarla. Eso no significa resignarse: significa retirar la presión que está impidiendo que el sistema se regule solo. La terapia ayuda a construir ese espacio donde el cuerpo vuelve a ser un lugar de disfrute y no un territorio de prueba.